Suárez salva el día con un Fabia al límite
A principios de febrero vivimos uno de esos momentos de rally que obligan hasta al aficionado más curtido a rebobinar la repetición. En un tramo rápido y despiadado en España, el piloto local Jose Antonio Suárez, conocido como Cohete, demostró por qué sigue siendo uno de los más espectaculares del panorama nacional. Al volante de un Škoda Fabia RS Rally2, transformó lo que parecía un accidente inevitable en una lección magistral de control.
Suárez y su copiloto Alberto Iglesias Pin afrontaban una sección estrecha y veloz, flanqueada por barreras y paredes de roca que no perdonan. El Fabia se fue largo a gran velocidad y perdió compostura de forma alarmante. Por un instante, el desenlace parecía escrito: el coche iba directo al desastre.
Pero en vez de levantar el pie y resignarse a la física, Suárez mantuvo la sangre fría. Dosificó el acelerador, corrigió la dirección y dejó que el coche girara lo justo para perder velocidad sin caer en un trompo. La trasera se descolgó, el eje delantero buscó agarre y, casi de milagro, el Fabia recuperó la trayectoria.
No hubo parón dramático ni recuperación tímida. Suárez enderezó el coche y siguió como si aquello fuera una curva más del roadbook.
La tecnología de los Rally2 modernos es impresionante: tracción total, suspensiones sofisticadas y motores turbo potentes ponen las herramientas en manos del piloto. Lo que no pueden dar es instinto.
La salvada exigió un juicio instantáneo. Demasiado gas y el trompo era seguro. Muy poco y el coche acabaría contra la barrera exterior. Suárez eligió el único camino posible entre ambos extremos.
El rally sigue siendo de las pocas disciplinas donde los errores se resuelven al filo del abismo, no en escapatorias kilométricas. En el asfalto y la tierra estrechos de España, la diferencia entre la gloria y el abandono se mide en centímetros.
Si ves el vídeo con atención, notarás que los movimientos de volante son mínimos y la gestión del acelerador, quirúrgica. La recuperación parece casi casual, lo que suele ser la mejor prueba de que fue todo menos fácil.