Los fabricantes chinos avanzan sobre las fábricas vacías de Europa
El posible plan de Nissan para compartir parte de su emblemática planta de Sunderland con el fabricante chino Chery no es solo una operación inmobiliaria. Apunta a un cambio estructural en la industria europea del automóvil, donde los fabricantes tradicionales recortan costes mientras las marcas chinas compran su entrada en la base industrial local.
Sunderland podría convertirse en un caso de prueba de producción compartida.
Según Reuters y el Financial Times, Nissan estudia permitir que Chery utilice líneas de producción en su fábrica de Sunderland. También hay conversaciones con otros posibles socios, pero que esa opción esté ya sobre la mesa dice bastante por sí solo. Uno de los centros de producción de automóviles más importantes de Europa puede dejar de responder a los intereses de una sola marca.
El problema de Sunderland no es la calidad, sino el volumen. Nissan necesita fusionar dos líneas de producción en una y recortar alrededor de 900 empleos en Europa. Para la compañía, el mercado europeo ha pasado de ser una historia de crecimiento a convertirse en un ejercicio de control de costes. Una fábrica que funciona por debajo de su capacidad no es un símbolo romántico de orgullo industrial. Es un coste pasivo que erosiona los márgenes. Incorporar a un socio es, por tanto, puro pragmatismo.
Por qué la producción compartida tiene sentido para Nissan.
El modelo tradicional, en el que un fabricante controla toda una fábrica y su cadena de suministro, se está volviendo demasiado rígido. La transición al coche eléctrico ha traído una demanda irregular, previsiones que no se han cumplido en plazo, ciclos de producto más cortos y costes fijos elevados. El espacio vacío en planta no es paciencia estratégica. Es un error caro.
Contar con Chery ayudaría a Nissan a repartir el coste de mantener la planta en funcionamiento y a evitar un cierre total, que sería doloroso tanto en términos políticos como económicos. Es un paso hacia un modelo de fábrica como servicio, aunque nadie en un consejo de administración vaya a apresurarse a decirlo de una forma tan directa.
Chery busca credibilidad con producción local.
Para los fabricantes chinos, producir coches en Europa importa. Para Chery, Sunderland no sería solo una línea de ensamblaje. Sería una plataforma de lanzamiento estratégica.
La producción local ofrece tres ventajas claras. Mejora la estabilidad de la cadena de suministro al reducir los riesgos logísticos. Aporta un colchón político frente a las restricciones actuales o futuras sobre las importaciones chinas. También da a la marca una credibilidad que el simple estatus de importador difícilmente iguala. Made in the UK, o made in Europe, sigue teniendo peso entre compradores que pueden sentir curiosidad por los coches chinos, pero que aún no se sienten del todo cómodos con ellos.
Chery ya utilizó esta táctica en España, de la mano de Ebro en la antigua planta de Nissan en Barcelona. Repetirla en Sunderland confirmaría el patrón. Donde un fabricante japonés o europeo se retira, entra capital chino.
Los fabricantes europeos afrontan presión por ambos lados.
Los fabricantes de automóviles europeos están ahora entre dos fuegos. Por un lado, la costosa electrificación está elevando los costes. Por otro, los rivales chinos llegan con precios agresivos y un ritmo de desarrollo más rápido. En esta pugna, el ganador no se decidirá solo por la potencia o el prestigio del emblema. La eficiencia productiva importa ahora tanto como eso.
Sunderland debe leerse como una advertencia para el conjunto del sector. Si incluso la mayor planta de automóviles de Reino Unido necesita un inquilino para que las cuentas salgan, el viejo modelo industrial puede estar agotando su recorrido. Los ganadores serán quienes logren mantener llenas sus fábricas, con independencia del emblema que lleve el coche al final de la línea.
Una posible alianza entre Nissan y Chery entraña riesgos. Plantea preguntas políticas sobre la dependencia tecnológica y difícilmente reforzará el orgullo histórico de Nissan. Sin embargo, en la realidad actual, una fábrica vacía es una amenaza mayor que trabajar con un rival.
La industria europea del automóvil ha entrado en una nueva fase, en la que la capacidad de producción sobrante se ha convertido en una especie de moneda. Si los fabricantes tradicionales no pueden llenar sus plantas por sí mismos, las empresas chinas lo harán por ellos. Sunderland no es una excepción. Puede ser el primer gran símbolo de la nueva normalidad.