General Motors vendió datos de conductores y ahora pagará una cuantiosa multa
General Motors ha acordado pagar 220 millones de dólares, unos 190 millones de euros, para resolver una disputa por la venta de datos personales de conductores. Durante años, el fabricante recopiló información sobre los hábitos de conducción y los desplazamientos de sus clientes y la vendió a intermediarios de datos, que la transmitieron a aseguradoras. Como consecuencia, algunos conductores vieron aumentar considerablemente sus primas de seguro, pese a no haber dado su consentimiento informado para que sus datos se utilizaran de ese modo.
El coche registraba cada frenazo y cada aceleración
Según la Fiscalía General de Nueva York, General Motors ha llegado a un acuerdo con los fiscales generales de 36 estados de EE. UU. y del Distrito de Columbia.
La investigación reveló que GM recopiló datos de millones de conductores a través de su programa Smart Driver entre 2016 y 2024. El sistema registraba las horas de inicio y fin de los trayectos, las rutas recorridas, las aceleraciones y frenadas bruscas y los excesos de velocidad. GM presentaba el programa como una forma de mejorar la seguridad vial, pero vendía la información recopilada a intermediarios de datos entre cuyos clientes figuraban compañías de seguros. Estas podían utilizar los datos para calcular las primas.
Es posible que los conductores ni siquiera supieran que se les estaba haciendo un seguimiento
La forma en que se inscribía a los clientes en Smart Driver resultó especialmente problemática. Muchos propietarios de vehículos se apuntaron al programa junto con los servicios OnStar al comprar sus coches.
Según los investigadores, en algunos casos el personal de los concesionarios aceptó las condiciones en nombre de los clientes. GM incentivó a los concesionarios para que inscribieran al mayor número posible de usuarios mediante bonificaciones económicas. Más revelador aún: la aplicación OnStar indicaba erróneamente a más de 370.000 conductores que no participaban en el programa de seguimiento. En realidad, GM recopilaba y vendía sus datos de conducción.
Según una investigación anterior de The New York Times, la prima del seguro de un propietario de un vehículo GM subió un 22 % después de que se utilizaran sus datos de conducción. Un informe elaborado sobre esa persona contenía 130 páginas de historial detallado de conducción.
El acuerdo obliga a GM a cambiar el uso que hace de los datos
Además del pago de 190 millones de euros, GM deberá obtener a partir de ahora el consentimiento explícito de los conductores antes de recopilar o compartir datos sobre su conducción y ubicación.
La compañía deberá limitar la cantidad de información que recopila, reforzar la protección de datos e introducir una supervisión independiente. Los concesionarios estarán sujetos a requisitos adicionales de formación y supervisión.
GM puso fin al programa Smart Driver en 2024. El nuevo acuerdo no contempla indemnizaciones directas para los conductores afectados, pero sigue pendiente una demanda colectiva por separado.
¿Podría ocurrir lo mismo en Europa?
El caso pone de relieve un problema más amplio: un coche moderno ya no es solo un medio de transporte, sino un sistema informático que recopila datos constantemente. Los vehículos conectados pueden registrar ubicaciones, velocidades, frenadas y hábitos de conducción. Esta información resulta valiosa para las aseguradoras que buscan evaluar con mayor precisión el riesgo de cada conductor.
En Europa, el Reglamento General de Protección de Datos, o RGPD, impone requisitos estrictos al tratamiento de esta información. La recopilación y el intercambio de datos deben contar con una base jurídica, y los usuarios deben recibir información clara sobre cómo se utilizan. Cuando el tratamiento se basa en el consentimiento, este debe ser informado y prestarse libremente.
La principal lección del caso de GM es sencilla: comprar un coche no debería implicar entregar a terceros información sobre los hábitos de conducción. En la era de los coches conectados, la protección de datos se está convirtiendo en un indicador de la confianza que merece un fabricante tan importante como la fiabilidad y la seguridad.