Las autoridades rusas prometieron un Niva realmente nuevo y cumplieron: recién salido de fábrica, directo al salón de exposiciones, presentado como símbolo del ingenio nacional. El problema fue el charco de aceite bajo el coche y las manchas marrones visibles desde cualquier ángulo. Este supuesto prodigio deportivo cuesta 1,7 millones de rublos (unos 21 mil euros), pero sus tornillos parecen haber pasado una década anclados en la orilla del Volga.