Nissan promete el regreso del GT-R, apunta al final de la década y se inclina por la hibridación
Ponz Pandikuthira, responsable de planificación de producto de Nissan Norteamérica, dijo a The Drive que podrían llegar noticias más concretas en 2028 y que el R36 GT-R debería aparecer antes de que acabe la década. Según explicó, Nissan está desarrollando el coche sobre una base completamente nueva y prepara un nuevo sistema de propulsión para acompañarla. Al mismo tiempo, dejó entrever con bastante claridad que los ingenieros no quieren desechar el actual bloque VR38, sino usarlo como punto de partida para una nueva configuración híbrida. Eso hace que esta última promesa sea bastante más concreta que las insinuaciones anteriores de la compañía.
Conviene recordar, aun así, que Nissan ya ha prometido más de una vez el renacimiento del GT-R. En la primavera de 2024, la empresa aseguró que el nombre GT-R no desaparecería con el final de la generación R35 y que el desarrollo seguía en marcha. En marzo del año pasado, el futuro consejero delegado Ivan Espinosa habló de la necesidad de contar con modelos que definan la imagen de Nissan, y citó como ejemplos los Patrol, Z y Leaf. En agosto de ese mismo año, Nissan puso fin oficialmente a la producción del R35 tras 18 años y cerca de 48.000 unidades, y Espinosa dijo de forma directa que no era una despedida definitiva del GT-R. Por eso, el mensaje de este año se parece menos a un giro estratégico dramático y más a una nueva confirmación, esta vez más firme, de que el coche sigue en los planes.
En el plano técnico, la dirección de Nissan parece ahora más clara. Pandikuthira afirmó que el próximo GT-R necesita algún grado de electrificación, pero que una solución totalmente eléctrica todavía no sirve al propósito central del modelo con la tecnología actual de baterías. Ya en 2025 defendía que un prototipo eléctrico podría completar, en esencia, una sola vuelta rápida al Nürburgring antes de necesitar una recarga larga. En sus declaraciones de 2026 añadió que el nuevo GT-R también debe cumplir normas de emisiones más estrictas, incluidas las futuras Euro 7. Precisamente por eso, el proyecto se orienta hacia una arquitectura híbrida o híbrida enchufable, y no hacia una propulsión cien por cien eléctrica. Nissan intenta así conciliar dos objetivos incómodos a la vez: preservar el carácter crudo y repetible en circuito del GT-R y, al mismo tiempo, hacer que el coche pueda venderse a escala global.
Ese contexto importa porque Nissan no atraviesa una situación cómoda. La compañía está acortando los tiempos de desarrollo en toda su gama, impulsa una reestructuración dolorosa y, en febrero de 2026, pronosticó una pérdida neta de 650.000 millones de yenes para el ejercicio fiscal. Aun así, el GT-R nunca fue un coche de volumen ni una vía rápida hacia la rentabilidad. Por lo que se desprende, el modelo se está tratando como un proyecto halo con el que Espinosa quiere reconstruir la confianza en la marca y recordar qué se supone que representa Nissan. Si la empresa dejara desvanecerse ese símbolo, perdería parte de su identidad justo cuando más necesita una cara reconocible.
Por eso, el próximo GT-R no parece un simple relevo generacional, sino una nueva definición de lo que puede ser ese emblema. El atractivo de la era R35 se apoyaba en su brutalidad mecánica, su ambición técnica y la idea de ofrecer un superdeportivo a un precio relativamente razonable. Ahora el R36 tiene que trasladar esa fórmula a una era de normas de emisiones más duras, baterías más pesadas y unas cuentas que dejan poco margen para excesos románticos. Si Nissan encuentra el equilibrio entre una plataforma nueva, un sistema híbrido y el cumplimiento normativo global, el GT-R podría volver antes de que termine la década. Si no, Godzilla seguirá siendo lo que cada vez ha sido más en los últimos años: primero una leyenda y después un modelo.