Ser taxista en Londres le llevó cinco años y 55 exámenes
El londinense Anshu Moorjani ha logrado por fin la autorización para conducir uno de los célebres taxis negros de la ciudad. Para conseguirlo necesitó cinco años y 55 intentos de examen, porque los taxistas de Londres deben superar una de las pruebas profesionales más exigentes del mundo: “The Knowledge”.
Un taxista debe conocer la ciudad de memoria.
Un conductor de taxi negro londinense no puede limitarse a confiar en el navegador y esperar que todo salga bien. Según el sistema de Transport for London, los conductores deben calcular rutas de memoria, conocer calles, monumentos y destinos principales, y orientar a los pasajeros sobre lugares de interés en toda la capital.
Los aspirantes lo hacen mediante “The Knowledge”, un examen que Transport for London introdujo por primera vez para taxistas en 1865. Según TfL, prepararlo suele llevar entre tres y cuatro años.
320 rutas y miles de detalles.
En el centro de la prueba está el llamado Blue Book, que contiene 320 rutas dentro de un radio aproximado de 9,6 kilómetros desde Charing Cross. Los candidatos también deben conocer todas las calles y puntos de interés clave situados a unos 400 metros del inicio y el final de cada ruta.
El proceso se divide en varias fases. Primero, los aspirantes completan una autoevaluación y un examen escrito. Después llegan las sesiones orales con un examinador, en las que deben describir la ruta más corta entre dos puntos de Londres. Más adelante, la parte suburbana añade otras 25 rutas.
Una prueba profesional de la vieja escuela en plena era digital.
Según Autoevolution, Moorjani completó el proceso tras 55 intentos a lo largo de cinco años. En declaraciones a CBS News, dijo que no quería tomar el camino más fácil como conductor de una plataforma de VTC. Quería formar parte de la historia de los taxis negros de Londres.
Su caso muestra hasta qué punto sigue pesando la imagen del taxi negro en Londres, incluso en una época de aplicaciones de navegación y robotaxis. El estándar de TfL no consiste solo en ir de A a B. También trata de confianza, la moneda silenciosa sobre la que aún se sostiene toda la tradición del taxi negro.