XPENG P7+: El gigante chino desafía a Europa
En el Salón del Automóvil de Bruselas debutó el XPENG P7+, un fastback inteligente con el que la ambiciosa tecnológica china busca convencer a los europeos de que el futuro pertenece a la inteligencia artificial y no a la fabricación tradicional de coches. El presidente de XPENG, He Xiaopeng, no se anduvo con rodeos durante la presentación y prometió una nueva era en la que el coche deja de ser un simple medio de transporte para convertirse en un ordenador sobre ruedas. En el corazón del P7+ se encuentra el chip Turing, desarrollado internamente por la marca, capaz de realizar 750 billones de operaciones por segundo, una potencia de cálculo que, en teoría, debería dejar atrás a la mayoría de los competidores actuales.
Esta máquina nace de la convicción de que conducir debe ser lo más sencillo posible. Impulsado por inteligencia artificial, el coche es capaz de cambiar de carril sin esfuerzo, aparcar solo con una facilidad insultante y ofrecer sistemas de asistencia al conductor que evolucionan mediante actualizaciones remotas. Para reforzar su ventaja tecnológica, XPENG ha presentado la carga ultrarrápida 5C, que promete recargar la batería del diez al ochenta por ciento en apenas 12 minutos, el tiempo justo para un café rápido en una estación de servicio.
Aunque XPENG prefiere hablar de inteligencia, no ha olvidado las exigencias europeas de espacio y lujo. El P7+ combina la elegancia de una berlina con la amplitud de un monovolumen, con un interior dominado por asientos de cuero Nappa y pantallas gigantes. El confort de marcha está a cargo de una suspensión sofisticada que busca ofrecer estabilidad tanto en los adoquines de Bruselas como en la Autobahn alemana, mientras que un bastidor de acero de alta resistencia pretende transmitir una sensación de seguridad que no siempre se ha asociado a los vehículos chinos.
Quizá lo más relevante sea que XPENG ya no se conforma con importar: ha trasladado parte de la producción a Europa. La serie piloto del P7+ se fabrica en la planta de Magna Steyr en Austria, un giro estratégico hacia la producción local. Tras duplicar sus ventas globales en 2025, la marca espera aún más para 2026, apostando a que el comprador europeo está listo para cambiar sus tradicionales marcas alemanas por inteligencia artificial china. Los primeros coches llegarán a las carreteras europeas en el segundo trimestre de este año, aunque el precio y las especificaciones definitivas siguen siendo un misterio.