Stellantis planea una poda silenciosa de marcas
Dentro de Stellantis se está gestando una decisión que podría transformar de verdad el mercado automovilístico europeo. Antonio Filosa, el nuevo consejero delegado del grupo que asumió el cargo este verano, prepara una estrategia renovada. Su objetivo es tan directo como ambicioso: recuperar cuota de mercado y devolver la rentabilidad. Según varias fuentes, el plan contempla incluso desprenderse de varias marcas, ya sea vendiéndolas o cerrándolas.
Filosa considera que el portafolio de marcas de Stellantis se ha vuelto excesivo y demasiado fragmentado con los años. Varias enseñas compiten en los mismos segmentos, luchando entre sí y dilapidando recursos que el grupo ya no puede permitirse dispersar.
Si finalmente se lleva a cabo esta purga de marcas, los fabricantes europeos serán los primeros en notarlo. Peugeot y Opel suelen citarse como ejemplos: ofrecen modelos similares y buscan al mismo tipo de cliente. Mantener dos marcas paralelas en el mismo rango de precios ya no tiene sentido para la nueva dirección.
La situación es aún más delicada en el segmento premium de Stellantis. DS y Lancia siguen sin alcanzar sus objetivos de ventas y ninguna ha logrado una identidad clara en el mercado. Un pasado glorioso no paga las facturas de hoy, y aquí es donde Filosa adopta un enfoque abiertamente pragmático.
El descontento no se limita a Europa. Los directivos de Stellantis no ocultan su decepción con Fiat y Alfa Romeo en Estados Unidos, un mercado que el grupo sigue considerando estratégico. Entre ambas marcas venden menos coches allí que un solo modelo que tampoco es un éxito arrollador: el Dodge Charger Daytona.
Chrysler también está en entredicho. Aunque la marca sigue siendo reconocida, su gama se reduce en la práctica a dos monovolúmenes, el Pacifica y el Voyager. Dentro de Stellantis, cada enseña se evalúa ahora por su viabilidad a largo plazo, no por su historia, sino por cifras duras.
El giro estratégico va más allá de los logotipos y afecta a las decisiones tecnológicas. Fuentes internas aseguran que Stellantis ha abandonado el ambicioso plan de su anterior CEO, Carlos Tavares, que pretendía que todas las ventas europeas fueran eléctricas y al menos la mitad de las estadounidenses también para 2030.
Con el nuevo enfoque, el grupo vuelve a apostar decididamente por el desarrollo y la venta de vehículos con motor de combustión interna. La inversión en conducción autónoma y tecnología de hidrógeno también se reduce drásticamente. La prioridad son soluciones que den resultados ahora, no promesas que quizá se materialicen dentro de una década.
Las medidas de Filosa pueden resultar dolorosas, pero desde la perspectiva del mercado parecen cada vez más inevitables. En la industria del automóvil, la crisis no pregunta por el brillo del pasado, sino por quién es capaz de presentar números verdes el año que viene.