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Un volante desarrollado con Toyota puede discutir con los conductores y explicar sus decisiones

Autor auto.pub | Publicado el: 12.10.2026

Ingenieros de la Universidad de Michigan han colaborado con Toyota para desarrollar un volante que se comunica con el conductor mediante almohadillas hinchables. Este diseño señala las maniobras previstas por el sistema de asistencia a la conducción y permite al conductor aceptarlas o rechazarlas. Las primeras pruebas mostraron una conducción más fluida, menos frenadas y menos conflictos entre el conductor y el sistema automatizado.

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Un volante que comunica sus intenciones

El volante desarrollado conjuntamente por la Universidad de Michigan y el Toyota Research Institute cuenta con dos zonas sensibles al tacto situadas a las diez y a las dos.

Cuando el sistema de conducción semiautomatizada pretende girar a la izquierda, se hinchan unas cámaras de aire en el lado izquierdo del volante. El conductor puede percibir a través de las manos la intención del sistema antes de que comience la maniobra.

Si no está de acuerdo con la decisión, puede apretar las cámaras hinchadas. Así indica al sistema que quiere seguir otra trayectoria. Si el sistema automatizado considera más segura la maniobra inicial, las cámaras de aire empiezan a emitir pulsaciones para comunicar al conductor su preferencia. El mismo diseño también puede advertir de la presencia de obstáculos.

A diferencia de un volante convencional que vibra, el sistema no se limita a emitir avisos: establece una comunicación bidireccional entre el conductor y la electrónica.

Según un estudio de la Universidad de Michigan publicado el 1 de octubre, esta comunicación ayuda a reducir las situaciones en las que el conductor y el sistema automatizado de dirección intentan dirigir el coche en sentidos distintos al mismo tiempo.

Las pruebas mostraron una mejor cooperación

Los investigadores probaron el prototipo en un simulador de conducción, en el que los participantes tuvieron que afrontar diversas curvas y reaccionar ante obstáculos que aparecían de forma inesperada.

En comparación con los sistemas de aviso convencionales, los conductores siguieron una trayectoria más precisa, frenaron menos e intervinieron con menos frecuencia en las acciones del sistema automatizado. También consideraron que la experiencia de conducción exigía menos esfuerzo y resultaba menos estresante.

El efecto sobre la confianza resultó especialmente interesante. Cuando el sistema automatizado cometía un error, la comunicación bidireccional ayudaba a recuperar antes la confianza del conductor. Sin embargo, los investigadores también observaron el riesgo contrario: una cooperación satisfactoria hizo que algunos participantes confiaran demasiado en la electrónica.

Es una limitación importante, porque un sistema de asistencia a la conducción no se vuelve infalible por el mero hecho de explicar mejor sus intenciones.

¿Llegarán a los coches de producción los volantes con almohadillas hinchables?

Por ahora, el diseño solo existe como prototipo de investigación. El equipo de investigación ha patentado la tecnología en Estados Unidos con el número US12227190B2 y busca socios para seguir desarrollándola.

En el mercado automovilístico europeo, un diseño así podría complementar principalmente los sistemas de asistencia a la conducción de nivel 2, que combinan el control de crucero adaptativo con el mantenimiento activo del carril. Estos sistemas siguen exigiendo que el conductor permanezca atento en todo momento y preparado para retomar el control.

Su aplicación práctica requerirá, no obstante, pruebas más exhaustivas. Los ingenieros deben demostrar que las cámaras de aire funcionan de forma fiable en el tráfico real, cuando los conductores llevan guantes y sujetan el volante de distintas maneras. El mecanismo adicional tampoco debe interferir en el funcionamiento del airbag ni en el uso normal del volante.

La industria automovilística lleva años tratando de hacer más inteligentes los sistemas de asistencia a la conducción. Los investigadores de Michigan abordan el problema desde otro ángulo: a veces lo que hace falta no es una automatización más inteligente, sino una mejor comunicación entre personas y máquinas.