Audi quiere llevar a los coches eléctricos vibraciones, retraso del turbo, olores e incluso chispas
La última solicitud de patente de Audi describe distintas formas de hacer que conducir un coche eléctrico sea una experiencia más emocionante. Las ideas van desde amplificar las vibraciones naturales del motor eléctrico hasta simular cambios de marcha y el retraso de respuesta de un turbo, pero las propuestas más insólitas incluyen aromas, arcos eléctricos e incluso chispas producidas por el contacto con el asfalto.
Amplificar las vibraciones del motor eléctrico en lugar de amortiguarlas
Los fabricantes de coches eléctricos suelen intentar aislar el habitáculo del ruido y las vibraciones del sistema de propulsión tanto como sea posible. La patente de Audi plantea justo lo contrario.
Se podrían instalar elementos más rígidos que transmitan las vibraciones, como perfiles huecos de acero, entre el motor eléctrico y la carrocería. Su función sería transmitir deliberadamente el sonido y las vibraciones naturales del sistema de propulsión eléctrico al habitáculo o al exterior del coche.
Audi también contempla reducir el aislamiento acústico del motor eléctrico. La idea no es imitar un V8 a través de los altavoces, sino aprovechar el sonido físico del propio sistema de propulsión eléctrico.
Marchas virtuales y retraso artificial del turbo
Un embrague podría desacoplar el motor eléctrico de las ruedas motrices, lo que permitiría subirlo de revoluciones incluso con el coche parado. En esencia, el conductor podría acelerar el motor de un coche eléctrico sin que este se moviera.
Una unidad de control podría simular cambios de marcha y distintas relaciones de transmisión. Cuando el conductor accionara las levas del volante, el sistema modificaría el régimen del motor, sus vibraciones, su sonido y la respuesta al acelerar.
Audi llega a describir un retraso artificial del turbo. El software podría limitar la entrega inmediata de par y liberarlo con cierto retraso, imitando el comportamiento de un motor de combustión turboalimentado. Puede parecer que eso supone renunciar deliberadamente a una de las mayores ventajas de la propulsión eléctrica, pero la lógica se entiende en un deportivo. Una aceleración instantánea y completamente lineal puede ser muy rápida, pero ofrece al conductor menos acontecimientos que lo involucren en la conducción.
Las chispas podrían saltar directamente del asfalto
La parte más extraña de la patente se refiere a los efectos visuales. Audi describe una pieza metálica de desgaste que el coche podría presionar contra el asfalto en determinadas situaciones de conducción. La fricción produciría chispas visibles.
Otra solución utilizaría un generador de arcos eléctricos. La descarga eléctrica entre electrodos podría situarse, por ejemplo, a los lados del coche, bajo él o incluso dentro del campo de visión del conductor. La intensidad del arco variaría según la velocidad o el estilo de conducción.
En un coche de producción real, estas soluciones plantearían claramente dudas sobre la homologación, el riesgo de incendio y la seguridad de otros usuarios de la vía. La patente no significa que Audi vaya necesariamente a fabricarlas en serie.
El coche podría cambiar de color y «guiñar un ojo»
Audi también propone soluciones visuales bastante más realistas. Un revestimiento de la carrocería capaz de cambiar de aspecto podría reaccionar al modo de conducción. Durante una conducción deportiva, parte de la carrocería podría ponerse roja, por ejemplo, y adoptar después un tono más discreto en un modo relajado.
Los faros matriciales podrían parpadear o guiñar un ojo al conductor cuando este se acercase al coche. Las tiras luminosas exteriores de la carrocería podrían emitir pulsos al ritmo de la velocidad del coche o del régimen de giro del motor eléctrico.
Audi también describe efectos de iluminación en la parte trasera del coche que imitarían un corte de encendido o una llamarada que sale del escape.
La velocidad podría mostrarse directamente en la visión periférica del conductor
Un sistema de visualización situado en los bordes del parabrisas podría crear un efecto de desenfoque o distorsión visual al acelerar. La idea recuerda al llamado efecto warp de los videojuegos. A medida que aumentara la velocidad, las imágenes se desplazarían o estirarían en la visión periférica del conductor, intensificando la sensación de aceleración.
En un modo de conducción relajado, esa misma superficie de visualización podría mostrar paisajes apacibles u otros contenidos visuales.
Un coche eléctrico podría tener su propio aroma
La patente también incluye un generador de aromas. Unos difusores en el habitáculo podrían cambiar la fragancia según la situación de conducción. En un atasco, el coche utilizaría un aroma relajante; durante una conducción deportiva, otro más intenso.
Audi llega a describir un aroma especial a «radiación electromagnética», comparado con el olor eléctrico de una maqueta de trenes. Otro aroma podría imitar los cortes de encendido de un motor de combustión.
Desde el punto de vista técnico, no es especialmente complicado, puesto que los sistemas de fragancias ya existen en los coches de lujo. La novedad sería vincularlos a la dinámica de conducción y al funcionamiento del sistema de propulsión eléctrico.
Audi busca una solución a un problema fundamental de los deportivos eléctricos
No todas las ideas descritas son igual de realistas, y la patente no confirma que ninguna de ellas vaya a llegar a un coche de producción. Sin embargo, el planteamiento de fondo es mucho más interesante que los efectos de chispas por separado.
Un coche eléctrico ofrece a los ingenieros un sistema de propulsión muy rápido y preciso, pero al mismo tiempo elimina muchos de los fenómenos mecánicos que el conductor percibía en un deportivo con motor de combustión. Audi intenta crear estímulos nuevos o deliberadamente simulados para sustituirlos.
El Hyundai Ioniq 5 N ya ha demostrado que los cambios de marcha virtuales pueden funcionar sorprendentemente bien en un coche eléctrico. La patente de Audi lleva esa misma idea mucho más lejos, al combinar sonido, vibraciones, luz, aromas y software de control de la propulsión. No todo ello es necesario. Si el planteamiento funciona, probablemente bastará con que el conductor deje de sentir que el coche eléctrico es un electrodoméstico sin vida.